
La explicación llega más tarde: Marquinhos vivía en una comunidad de japoneses instalada allá, en Una. Continuamos el viaje hasta Canavieiras, nombre que viene de las plantaciones de caña de azúcar de la familia Vieira en los siglos XVIII y XIX. Es una ciudad bonita, con un centro histórico bien conservado y con un manglar de proporciones espectaculares –que debíamos de atravesar el día siguiente-. Dormimos con la policía militar y a las 7 de la mañana cogimos el barco hasta Belmonte, tres horas de barco en vez de 200 km de bicicleta por la carretera BR 101.
Belmonte parecía una ciudad anclada en el tiempo, en un pasado lejano donde los portugueses iniciaron allá el cultivo de cacao. Pero no teníamos tiempo, o ganas, por conocer más cosas y nos fuimos hacia Santo Antonio, donde uno mís hermanos y su pareja tienen una casa, llena de sudor debido al trabajo de hacerla, pero también llena de encanto, que fue durante dos días nuestro refugio. Aprovechamos los días para conocer el río homónimo, el santuario de San Francisco con su precisosa vista y su impresionante estatua dedicada al santo, la más grande del mundo, segundos dicen. Pasados los dos días continuamos el viaje a Porto Seguro, no sin antes hacer una parada a Santa Cruz de Cabralia, donde los portugueses celebraron la primera misa de las nuevas tierras, el día 26 de abril de 1500 . En el lugar dónde se celebró aquella misa hay una cruz de hierro que recuerda el hecho, también hay un Museo y el Poblado Indígena Pataxó –los Pataxó fueron los primeros indígenas que contactaron con los portugueses- con restos de su cultura, arte, cantos y danzas.
Seguimos hacia Porto Seguro, donde Ildefonso y yo fuimos a la policía militar y conseguimos alojamiento. Al día siguiente fuimos a la alcaldía de Porto Seguro para hablar con el Secretario de Turismo y conseguimos fonda en Trancoso y Caraiva, distritos de este municipio. Atravesamos el río Buranhén con el ferry rumbo a Arraial de Ajuda y Trancoso. Conocido en los años 70 por el movimiento hippy, ahora se ha transformado en un lugar de prestigio. Del “Ildefonso” y yo fuimos a Trancoso por una carretera asfaltada, cosa que no fue una buena opción. Muchas bajadas y subidas, algunas muy pronunciadas, y sobre todo, deshabitado sin poder conseguir, por ejemplo, algo de agua. Finalmente llegamos a Trancoso y fuimos a la fonda. Más tarde, como por arte de magia, aparecieron Quim y Luis, otro conocido nuestro. Hicimos intercambio de información y fuimos todos a la fonda. Después fuimos al "Quadrado", elemento característico de la ordenación urbana en la época de la colonización, del siglo XVI, con casas alrededor de la iglesia de Sao Joao Batista. Tras la visita cultural, nos fuimos a dormir. Nos esperaba Caraiva, otro distrito de Porto Seguro y una agradable comunidad con la electricidad y la circulación de coches restringidas. De este modo, los 4 compañeros parecíamos los 4 mosqueteros que asumen sus papeles en este gran enredo que es la vida. El camino hasta allí estuvo pleno de increíbles momentos y también de algunos momentos desoladores. La plantación de eucalipto, la cría de búfalos y el cultivo industrial de papaya eran la tónica, pero a su vez se mezclaban con zonas de selva de la "Mata Atlántica" casi vírgenes, un mar azul y deslumbrantes playas.
Al atravesar el río Caraiva, nos encontramos en este paraíso. Caraiva se encuentra al límite del "Parque Nacional de Monte Pascoal", citado en el mapa de carreteras como el primer punto que fue habitado por el Poblado Indígena de Barra Velha. Depués de llegar a la fonda y duchanos, aprovechamos para conocer más el pueblo. Al día siguiente, conocimos en nuestra peregrinación al habitante más antiguo de Caraiva, el "Véio Zuza", que a sus 79 años nos explicaba su lucha por cuestiones ambientales y la presión de las empresas de plantación de eucalipto. Después charlar un rato, fuímos a un bar para concertar una actuación musical de “Del” .Estaba atardeciendo mientras escuchábamos la actuación, era en un escenario sencillamente deslumbrando, con luz de velas, y con un escenario al lado del río y una luna casi llena. Fue mística y mágica, aquella noche.
Al día siguiente subimos las bicis a un carro tirado por una mula y así hicimos 12 km por un camino de arena, pasando por el poblado indígena y por playas casi desiertas en dirección a Corumbaú. Antes de llegar a este pueblo, hacía falta atravesar un río y nuestros amigos, por ahorrar algunos reales, casi se hunden, pero así su terquedad dio fruto. Nos encontrábamos sanos y salvos en Corumbaú y continuamos hacia Guarani,cuando faltaban casi 50 km de tierra batida, el pie derecho me dolía mucho,y a medio camino, haciendo auto stop, conseguí parar un coche. Los otros siguieron el camino y nos encontramos en Guarani al atardecer, cansados, y por primera vez desde que salimos de Manaus, con algo de frío. Nos quedamos en casa de Clerides de Moraes, un trabajador de una de las "fazendas" que atravesamos, y su pareja, que nos mostró sus dotes de cocinera. Cleride fue una persona muy correcta, justa y, sobre todo, un amigo.
Al día siguiente fuímos dirección a Prado, pero antes intentamos visitar el "Parque Nacional do Descobrimento", sin éxito, porque estaba cercado al público. En Prado fuimos a la alcaldía para hablar con el secretario de turismo y nos consiguió un hostal con derecho a piscina. Así repetíamos una y otra vez la misma rutina. Al día siguiente llegamos a Caravelas, parada obligatoria para visitar el "Parque Nacional Marino Abrolhos" y la ONG "Instituto Baleia Jubarte" (IBJ). A Caravelas llegamos el sábado, pero el viernes ya habíamos hablado con Eduardo Camacho, director del IBJ y teníamos un alojamiento apalabrado. El IBJ es una ONG ambientalista nacida el 1996 con el objetivo de trabajar para la preservación de la ballena megaptera novaeangliae y otros cetáceos. En estos once años de existencia han hecho un buen trabajo y han obtenido éxitos importantes. En Caravelas, no había casi turistas ni operadores turísticos que nos pudieran llevar en barco hasta Abrolhos. Abrolhos es un archipiélago formado por bancos de varias especies de coral, muchas de los cuales sólo se encuentran en Brasil. El nombre de "Abrolhos" viene, históricamente, del aviso " abra os olhos ", "abre los ojos". De las personas que hemos conocido, destaca un funcionario de medio ambiente del ayuntamiento, Sergio Torres, que había sido uno de los primeros operadores de Abrolhos. Nos aseguraba que si no hay un gran esfuerzo de apoyo entre los agentes implicados en la promoción de Abrolhos, el parque se cerraría al público, cosa que seria un desastre para Caravelas.
Al día siguiente, marchamos de Caravelas por el manglar dirección Nueva Viçosa, con la impresión de que pese a nuestro fracaso a la hora de visitar Abrolhos, desde finales de junio hasta el mes de noviembre, unas 1500 ballenas de hasta 16 metros, hacen de este archipiélago una enorme y gigantesca cuna para enamorar. Ni Nueva Viçosa ni Mucugi nos ofrecieron nada sensacional, quizás porque son las últimas ciudades del litoral de Bahia y porque la tónica de estas tierras vecinas del estado de Espirito Santo, son las plantaciones de eucaliptos y pinos para las industrias papeleras.